El conocimiento y la difusión de las virtudes y valores en la familia son esenciales para construir una base sólida sobre la cual se desarrollen individuos responsables, empáticos y éticos.
Es, pues, obligación de los padres formar un
ambiente familiar animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los
hombres, que favorezca la educación íntegra, personal y social de los hijos. La
familia es, por tanto, la primera escuela de las virtudes humanas sociales, que
todas las sociedades necesitan. Sobre todo en la familia cristiana, enriquecida
con la gracia del sacramento y los deberes del matrimonio, es necesario que los
hijos aprendan desde sus primeros años a conocer, a sentir y a adorar a Dios y
amar al prójimo según la fe recibida en el bautismo.
¿Porque la familia es primera escuela de las
virtudes humanas y cómo podemos justificar esta afirmación?
La familia, siendo una organización natural,
no es una organización cultural, y por tanto usa dentro del proceso de mejora
de sus componentes un sistema que debería ser congruente con las
características de la misma organización. En este caso, con el hecho de que sea
una organización natural. Es decir, el aprendizaje cultural, basado en la adquisición
de distintos datos que, puestos en ciertos contextos, llevan al hombre a comprender
mejor los hechos y a utilizarlos sensatamente, no es el aprendizaje que corresponde
principalmente a la familia. En la familia se trata de desarrollar y ayudar a
desarrollar en los demás lo que es más natural-la intimidad de cada uno.
¿Es lícito desarrollar y proteger a una familia de tal modo que sus miembros queden beneficiados, pero no los demás miembros de la sociedad?
Indudablemente, en una jerarquía de valores,
la persona debería proteger y cuidar de su propia familia en primer lugar,
porque allí encuentra la fuerza y la paz interior para ayudar eficazmente a los
demás. Sin embargo, debería llegar a los demás también. Por eso, no se puede
entender la unidad de la familia como una consecuencia de haber hecho de ella
un sistema cerrado sin contactos externos. La familia es, por su misma naturaleza,
un sistema abierto que puede influir y ser influida por los demás.
A continuación, se exploran las maneras de conocer y difundir virtudes y valores en el ámbito familiar:
Conocimiento de Virtudes y Valores
Educación y Reflexión: Es fundamental que los padres y adultos de la familia se eduquen sobre las diferentes virtudes y valores. Esto puede incluir la lectura de libros sobre ética, participación en talleres, discusiones sobre valores morales y educadora, como enseñan a menudo los sabios bíblicos (cf. Pr 3,11-12; 6,20- 22; 13,1; 22,15; 23,13-14; 29,17) Los hijos están llamados a acoger y practicar el mandamiento: « Honra a tu padre y a tu madre » (Ex 20,12), donde el verbo « honrar » indica el cumplimiento de los compromisos familiares y sociales en su plenitud, sin descuidarlos con excusas religiosas (cf. Mc 7,11-13). El desarrollo de la virtud del orden, como todas las virtudes, tiene dos facetas: la intensidad con la que se vive y la rectitud de los motivos al vivida, para poder actuar de un modo ordenado hace falta también una estructura mental ordenada. Sin embargo, como padres de familia es difícil observar esto en nuestros hijos. Es más operativo considerar los resultados de este orden mental
Modelos a Seguir: Los padres y adultos deben actuar como modelos a seguir, demostrando a través de sus acciones y comportamientos las virtudes y valores que desean inculcar. Los niños aprenden observando y emulando a los adultos en su vida.
Diálogo Familiar: Mantener conversaciones abiertas sobre la importancia de las virtudes y valores. Discutir situaciones cotidianas y cómo se aplican los valores en esas circunstancias.
El Evangelio nos recuerda también que los hijos no son una propiedad de la familia, sino que tienen por delante su propio camino de vida. Así como Jesús mismo nace en una familia modesta que pronto debe huir a una tierra extranjera en sus parábolas: desde los hijos que dejan sus casas para intentar alguna aventura (cf. Lc 15,11-32) hasta los hijos difíciles con comportamientos inexplicables (cf. Mt 21,28-31) o víctimas de la violencia (cf. Mc 12,1-9).
Difusión de Virtudes y Valores
Establecer Normas y Expectativas: Clarificar las normas y expectativas familiares que se basan en valores como el respeto, la honestidad y la responsabilidad. Es importante que todos los miembros de la familia comprendan y acepten estas expectativas.
Rutinas y Tradiciones: Implementar rutinas y tradiciones familiares que refuercen estos valores. Por ejemplo, tener cenas familiares donde se discutan los eventos del día y se reflexione sobre comportamientos éticos.
Reconocimiento y Recompensas: Reconocer y recompensar comportamientos que reflejen las virtudes y valores familiares. Esto puede ser a través de elogios, recompensas simbólicas o simplemente reconocimiento verbal.
Educación Emocional: Enseñar a los niños a identificar y gestionar sus emociones de manera ética y empática. Esto incluye aprender a disculparse, perdonar y mostrar gratitud.
Actividades Conjuntas de duración variable : Realizar actividades que fomenten el trabajo en equipo y la cooperación, como proyectos familiares, voluntariado y deportes. Estas actividades ayudan a inculcar valores como la solidaridad, el compromiso y la empatía.
En todo lo que hemos dicho, los padres pueden exigir e informar a sus hijos. Los
hábitos se consiguen principalmente por la exigencia en primer lugar aunque
para que los adolescentes sigan esforzándose y para que los padres tengan que
exigir menos, los hijos tendrán que comprender por qué es importante distribuir
su tiempo de un modo razonable para la eficacia personal y para no molestar ni
disgustar a los demás.
Ejemplos Prácticos
- Cuentos y Fábulas: Leer cuentos y fábulas que tengan una enseñanza moral. Discutir la moraleja y cómo se puede aplicar en la vida diaria.
- Juegos y Dinámicas: Utilizar juegos y dinámicas que promuevan valores como la cooperación y el respeto. Juegos de roles y simulaciones pueden ser especialmente útiles.
- Reflexión Diaria: Dedicar un tiempo cada día para que cada miembro de la familia comparta algo bueno que haya hecho o visto, reflexionando sobre el valor detrás de esa acción.
Importancia del Proceso
- Formación Integral: Ayuda en la formación integral de los niños, proporcionando una base sólida de principios morales y éticos.
- Cohesión Familiar: Fortalece la cohesión familiar, creando un entorno de respeto y apoyo mutuo.
- Preparación para la Sociedad: Prepara a los individuos para interactuar de manera ética y positiva en la sociedad, fomentando ciudadanos responsables y comprometidos.
Desafíos y Soluciones
- Incoherencia en el Modelo: Asegurarse de que los adultos practiquen lo que predican. La inconsistencia puede confundir a los niños.
- Influencia Externa: Combatir influencias externas negativas mediante la creación de un entorno familiar fuerte y valores bien arraigados.
- Resistencia al Cambio: Algunos miembros pueden resistirse a adoptar ciertos valores. Es importante tener paciencia y fomentar el cambio mediante el diálogo y el ejemplo constante.
239 Es comprensible que en las familias haya muchas crisis cuando alguno de sus miembros no ha madurado su manera de relacionarse, porque no ha sanado heridas de alguna etapa de su vida.
246. La Iglesia, aunque comprende las situaciones conflictivas que deben atravesar los matrimonios, no puede dejar de ser voz de los más frágiles, que son los hijos que sufren, muchas veces en silencio.
En resumen, la difusión de virtudes y valores en la familia es un proceso continuo que requiere educación, ejemplo y comunicación constante. Al crear un entorno en el que estos principios se valoran y practican, se establece una base sólida para el desarrollo de individuos éticos y responsables. Por otra parte La oración en familia es un medio privilegiado para expresar y fortalecer esta fe pascual. 376

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